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Un alegato a la comunidad internacional
Un
alegato al mundo presentan setenta mil personas, en su mayor parte
niños, que habitan la ciudad de Belén, en la amazonía
peruana, ahora víctimas de los cambios ecológicos,
empezando por el violento alejamiento de los ríos Amazonas
e Itaya. La antigua Venecia, como la bautizaron sus primeros moradores,
hoy es el primer foco infeccioso de Iquitos, la capital de Loreto,
ubicada a 1000 mil kilómetros al Noreste de Lima, entre las
fronteras de Brasil, Colombia y Ecuador.
Las
comunidades nativas migraron a Belén, y comparten el caos
con los pobladores locales y últimamente con gente del ande.
Todos ellos forman parte de una máquina desquiciada por la
degradación. El viaje a Belén es un viaje a los infiernos,
un descenso por el río del olvido. Solo una movilización
internacional puede conmover la dramática realidad, en vista
que las autoridades subregionales, regionales y nacionales han perdido
la sensibilidad con el dolor y el sufrimiento humano.

Belén
constituye la población más pobre de la tierra. Desnutrición
crónica. Han rebrotado enfermedades ya desparecidas, tales
como la malaria, dengue, meningitis, hepatitis, influenza, con consecuencias
mortales. Una investigación de la Universidad Nacional Amazónica
ratifica que cada morador sufre alguna enfermedad febril, por una
u otra infección.
Hay
diversos Belén en el mundo y todos nacieron inspirados en
la fe cristiana, en el mensaje de solidaridad, del amor al prójimo
y de la igualdad social. Pero esos valores se han extinguido u echado
al olvido, empezando en el Belén del Perú:
El
Belén palestino, a lo largo de dos milenios viene soportando
invasiones, guerras, bombardeos, encarcelamientos masivos. Ese mismo
destino trágico, con diferentes matices, acompaña
a Belém do Pará, Brasil; Belén de Catamarca,
Argentina; Belén de Cerezales, en León de España;
Bethlehem, en New Hampshire, Estados Unidos; Belén de Boyacá,
Colombia; Belén de Salto y de Artigas, en Uruguay.
Pero
en el Belén loretano, al amanecer el siglo XXI, se han concentrado
los peores males del tercer mundo, empezando por la furia del Amazonas
e Itaya, ríos que acariciaban las orillas del pueblo. Los
nativos dicen que hace milenios el Amazonas, esos ríos, corrían
en sentido contrario, y en la última década las aguas
buscan otros cauces, alterando brutalmente la vida de centenas de
aldeas indefensas.
Belén
era un importante centro de abastecimiento de embarcaciones de la
provincia de Mayas. A esas riberas llegaron los primeros conquistadores
tras El Dorado, el país de la canela, del caucho, del petróleo
y de la madera. Esos tiempos de sangre y fuego, no han variado sustantivamente.
La vida sigue siendo difícil y cruel.
Sus
pobladores habitan en altillos, en improvisadas casas de madera
y techos de palmera seca, que descansaban sobre balsas, lo que permitía
flotar en época de creciente de río y asentarse en
tierra en época de “vaceante”. Como ese fluvial
remanso ya no existe, las habitaciones, literalmente, están
sobre el excremento, aguas hediondas, basurales, roedores y animales
muertos.
Las
bruscas alteraciones de las temperaturas tropicales, la urbanización
desordenada, es decir la masiva migración rural de la misma
selva y más reciente de los pueblos del ande, la ausencia
de agua potable y alcantarillas, y de otros servicios públicos,
son problemas cuya solución no se vislumbra a corto plazo.
El
Belén amazónico de esta década no es tan diferente
y cruel como la selva de hace siglos. José Eustaquio Rivera,
en su novela La Vorágine (1924), hablaba premonitoriamente
de un primer Macondo, mostrando la explotación y miseria
humana a que eran sometidos los trabajadores del caucho en el bosque
colombiano, en contraposición a las ganancias y beneficios
para los propietarios de los medios de producción.
Algunas
respuestas se están dando para Belén. El Gobierno
Regional acaba de proponer al Congreso la construcción de
un hipermercado, para mejorar la exposición de los alimentos,
que ahora son comercializados en las principales calles, regadas
por aguas pestilentes y transitadas por comerciantes de alucinógenos
y aguardientes de toda marca y sin control sanitario, que chamanes
y curanderos confieren bondades curativas. Los niños descienden
de sus casuchas empinadas escaleras. Huyen del calor de sus habitaciones
para jugar en las calles, a lo largo de las cuales abundan moteles,
prostíbulos y farmacias informales.
La
autoridad municipal es demasiado pequeña y carente de recursos
técnicos y profesionales para plasmar algún proyecto
de inversión social, porque la burocracia nacional y local
está configurada para entorpecer el desarrollo. La gente
sabe que cualquier inversión pública demorará
mucho tiempo, como lo señala la prensa local y pone de ejemplo
la carretera de 50 kilómetros Iquitos - Nauta que tardó
25 años en ser construida, en tanto la justicia procesa 250
casos de corrupción.
De
Belén, pueblo esencialmente de comerciantes, salen todas
plagas. Los informes del único hospital regional en Iquitos,
señalan que los casos de infección no solo afectan
a los hombres sino también a los animales domésticos
y silvestres, pues ya no es un problema único de salud sino
de veterinaria. Las enfermedades más frecuentes son la malaria,
meningitis, hepatitis, influenza y la leptospirosis, tan frecuentes
en áreas tropicales. La malaria, especialmente en África,
provoca la muerte de un millón de personas por año.
La
enfermedad febril es casi común a todos los habitantes y
no hay una sola persona que no tenga síntomas como escalofríos
(en tanto calor), ictericia y dolores de articulaciones. El principal
contaminante es la orina de los abundantes roedores.
Hace
diez años se retiró de Belén el río
Nanay, y para calmar los primeras ayudas de la población,
el ex-presidente Fujimori, protagonista del más corrupto
régimen de la historia contemporánea del Perú,
le dio categoría de distrito un 11 de noviembre, pero nada
más. La población censada en el 2005 bordeaba 68 mil
personas en una superficie de 632 kilómetros, con una densidad
de 105 personas por km2/habitante.
El
futuro de Belén y de Loreto tendrá mucho que ver con
el proyecto de transporte multimodal, cuya concreción uniría
el Pacífico con el Atlántico, desde el Puerto costeño
de Paita en Piura hasta el noreste del Brasil, pasando por Manaos.
De esa manera, la región amazónica podría participar
mejor en el comercio internacional con China y demás países
del Asia y desarrollar las ciudades fronterizas peruanas, tan atrasadas,
en comparación con el progreso de la colombiana Leticia y
la brasileña Benjamín Constan.
El
transporte público en Belén y las ciudades de la selva
es el "mototaxi" o "motocar", un triciclo motorizado
con tarifa muy económica. Iquitos solo tiene comunicación
con la costa mediante aviones. Lo dramático es que los vuelos
a Iquitos solo se realizan por las noches y madrugadas, debido a
los gallinazos que sobrevuelan la pista de aterrizaje, muy cerca
de montañas de basura en improvisados rellenos sanitarios,
sustento de grandes criaderos de cerdos.
Belén
retrata la permanente agresión a la rica cultura de la selva
y pone en vigencia la esclavitud en una región inhóspita;
la subyugación cruel con que los seres humanos son sometidos
por la codicia de la madera y el tráfico de drogas, del hurto
a la escasa ganancia de los desposeídos y el trato miserable
a la mujer.
A
PESAR DE LOS RIOS
Loreto
ocupa un tercio del territorio del Perú, con una población
de un millón de personas y una creciente migración
rural y de la sierra. La densidad poblacional es apenas 2.46km2/hab.
Hay solo cuatro médicos por cada 10 mil habitantes. Los 3
hospitales y una centena de centros de salud son insuficientes,
más aún si no hay una salud preventiva y sin stock
de medicinas apropiadas, empezando por suero antiofídico
para contrarrestar las picaduras de abundantes serpientes venenosas.
Las
concesiones forestales autorizadas por el gobierno en el pasado
quinquenio son fuente cotidiana de conflictos, de guerras campales
y de asesinatos impunes, porque los linderos de las comunidades
han sido ignorados y burlados. La tala indiscriminada, la ausencia
de programas de reforestación, la escasa transformación
de la madera y la nula fiscalización estatal, acelera la
depredación del bosque.
La
Región Loreto, que en décadas pasadas intentó
independizarse del poder de Lima, ocupa una de las cuencas hidrográficas
más grandes de Sudamérica, al lado del Ucayali, Marañón,
Huallaga, Pastaza, Tigris, entre otras. Las áreas protegidas,
solo de nombre, son Pacaya Samiria, Biabo, Cordillera Azul, Pastaza
Morona, Yaguas, Requena, Bagazán, algunas de las cuales albergan
a exigentes turistas. La capital loretana, es un lugar ideal para
el ecoturismo, pero aún está en pañales. El
flujo anual de visitantes no supera las 100 mil personas.
Iquitos
era una aldea habitada por la tribu selvática el Iquitos,
de quienes se tomó el nombre al momento de su fundación
en 1864. Esta urbe de 300 mil personas, vivió hasta los años
30 la era y auge del caucho, y el comercio del látex trajo
inmensas fortunas y la prosperidad para algunos, iniciándose
la construcción de casas fastuosas con insumos de Portugal.
Parte del boato de esa época fue una casa construida por
Eiffel en París para ubicarla en la Plaza de Armas iqueteña.
Por
entonces, hablamos de fines del siglo XIX, Iquitos tenía
mejores comunicaciones con Europa, a través del Amazonas,
que con la ciudad de Lima. Actualmente. Europa no es un mercado
para los productos amazónicos. La madera amazónica
se va para EEUU, en tanto pequeños empresarios, que son muchos
y aún desorganizados, no aprovechan, ni siquiera, los bajos
aranceles de la ley de promoción comercial andina y erradicación
de la droga (ATPDEA), más conocida como ley “bioanterrorismo”.
La
Amazonía se va transformando en un desierto. Un informe reciente
de las Naciones Unidas advierte que entre el 30% y el 60% de la
selva de la sudamericana, donde viven 40 mil especies de plantas
y 427 de mamíferos, podría transformarse en sabana.
Los
sólidos indicadores macroeconómicos que caracteriza
al Perú de los últimos años, no guardan absoluta
relación con millones de seres que viven en condiciones deplorables
como los de Belén. Nada extraña hoy. Para la amazonía
peruana cuan vigentes son aquellas reflexiones de Joseph Conrad,
a fines del XIX, respecto al comercio africano de marfil que subyugaba
con el terror, la corrupción y la entrega a la barbarie ancestral.
Conrad reconoció que «antes del Congo no era más
que un simple animal»
La
humanidad de ayer y hoy se ha convertido en depredadora que somete
a castigos brutales a los nativos rebeldes, cuyo mundo conoce ya
«el horror» como los tambores caníbales que baten
en la selva, el verdadero corazón de las tinieblas, el oscuro
corazón del hombre. Poner los ojos sobre el Belén
del Amazonas puede servirnos de una oportuna reflexión.
Jorge
Zavaleta
Presidente del Comité Editorial
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