SECCIONES

Editorial

Descentralización Transparente

Gobiernos Subnacionales en Marcha

Movimiento Cooperativo y de las PYMES

Internacionales

Culturales

Actualidad Normativa

COLUMNAS

Papel de Arbol

Luna Llena

Media Luna

El Perú que no vemos

 

Papel de Arbol

AMÉRICA LATINA EN EL SIGLO XXI

Por: Jorge Zavaleta Alegre

La América Latina presenta un rostro más agudo. La población del campo se ha trasladado masivamente a las urbes. Y en las principales ciudades, un sector muy pequeño habita en zonas residenciales y en múltiples centros turísticos. La modernidad alcanza a pocos. La exclusión social, se ha convertido en el principal enemigo de la democracia y en caldo de cultivo para movimientos irregulares como las guerrillas de Colombia; y el narcotráfico, fuente poderosa que atraviesa el corazón del poder político y de los administradores de justicia.

Es difícil, muy difícil hablar de América Latina y el Caribe con optimismo. Hace más de un siglo, esta parte del mundo fue clasificada en tres categorías de países exportadores, realidad que no ha cambiado esencialmente. El lento proceso de modernización de este modelo primario exportador ha permitido mayor acumulación de ganancias para un reducido sector y una creciente pauperización de la mayoría. En lo que va del presente siglo se han sofisticado los métodos de funcionamiento del capitalismo de los años treinta.

La primera categoría de países está conformada por aquellos productores de alimentos de climas templados, teniendo a Argentina como ejemplo emblemático. La segunda, integrada por productores de alimentos de clima tropical. Léase repúblicas bananeras, cafetaleras y cacaoteras. Y la tercera por exportadores de productos minerales.

En el último cuarto de siglo, han desparecido del escenario político esos generales mesiánicos, muchos de ellos corruptos, los gobernantes autoritarios y las democracias se han instalado, ojala para quedarse definitivamente.

Resulta que esa democracia se ha quedado en el voto. Los acelerados procesos de privatización, y el carácter autoritario de la globalización han creado oasis de desarrollo y multiplicado formas de exclusión social.

En los años cincuenta la Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina denunció la desigualdad existente en la relación entre el centro y la periferia de la economía mundial, reclamando reformas estructurales y apoyaron estrategias de sustitución de importaciones.

En esa marcha, los gobernantes prestaron demasiada atención a las magnitudes nominales de la distribución de ingresos y casi nada a la educación, salud y servicios sociales. En los 90, se volvió a la ortodoxia, al Consenso de Washington, acuerdo que diversos países desarrollados han incumplido, recortando, por tanto, eventuales resultados positivos. Los incipientes logros del modelo, traducidos en una relativa estabilidad macroeconómica han postergado ineludibles reformas para que el Estado, con instituciones bien estructuradas, pueda ejercer su rol supervisor y regulador de la producción, alentando la sana competencia.

Actualmente, en América Latina y el Caribe uno de cada tres habitantes vive en la pobreza, y los programas sociales, con honrosas excepciones - Brasil, Chile y Uruguay - están teñidos de dolosa e interminable cadena de intermediación. El Banco Mundial en su informe del 2008 da conocer que la pobreza aumentará mucho más por el alza de precios de los alimentos. Hasta ahora la pobreza ha crecido en promedio de 2.6% a lo largo de nueve países. Bolivia, Nicaragua y Perú están juntos con Camboya, Madagascar, Malawi, Pakistán, Vietnam y Zambia.

América Latina demanda oportunidades de participación en la nueva sociedad de información y conocimiento. Las estadísticas expresan una catástrofe de la educación en todos los niveles. Hay sobre oferta de profesionales en labores marginales. La transnacionalización de la economía genera solo empleo selectivo. Las minas y los campos agrícolas con pequeñas inversiones en maquinaria y equipo han desplazado a los obreros que pierden el valor de sus salarios. La posibilidad de sindicalización ha desparecido.

Hasta hace un par de décadas, en las aulas universitarias y en plazas públicas se atribuía el fracaso de las economías latinoamericanas a los vaivenes políticos: fraudes electorales, asonadas golpistas, movimientos sindicales y guerrillas. Hoy las macroeconomías están en azul. La única economía recesiva en los últimos años es la de Haití, como consecuencia de la violencia que provocó el derrocamiento del presidente Jean Bertrand Aristide y el devastador impacto de los huracanes. Pero, en general, la relación entre gobiernos, parlamentos y partidos aún es resistente al diálogo, lo que genera más inestabilidad en las frágiles instituciones.

Según la CEPAL, de los 500 millones de habitantes de la región, la pobreza sigue afectando a más del 40% del total. Hay 240 millones de personas pobres, de cuales 100 millones son indigentes. El modelo neoliberal que se aplica en América Latina agudiza las desigualdades. Es un modelo que funciona para el 20% de la población más rica y margina al 80% restante, sostiene el economista Jackes Chonchol, ex ministro de Agricultura de Chile, de principios del 70.

El economista Jürgens Schuldt, profesor de una universidad limeña donde se educan los hijos de empresarios, afirma que el libre mercado tal como se impulsa en el Perú hace crecer la economía, pero no el trabajo y estimula los movimientos de protesta. Considera que la propia dinámica conducirá a que los resultados de las elecciones del 2011 se inclinen a favor del nacionalista Ollanta Humala, cuya victoria en el 2006 le arrebató Alan García, radicalizando su discurso socialdemócrata para después, ya en Palacio de Pizarro, convertirse en un ultraliberal.

Las economías latinoamericanas carecen de desarrollo autónomo. Para Europa, EEUU, China y Japón, la región LAC es intensamente atractiva, porque seguirá siendo una buena despensa de materias primas y un potencial comprador de productos manufacturados. Por eso el capital extranjero está volcando mayor interés sobre los recursos naturales. La Amazonía del Perú, Brasil y Venezuela está en los ojos de las petroleras, gasíferas y madereras. El discurso del actual presidente del Perú, titulado “El Perro del Hortelano”, lectura incompleta de Lope de Vega, estimula la transformación de la propiedad social sobre esos recursos en propiedad privada.

Un elocuente ejemplo. La prensa peruana y mexicana denuncia que el contrato de exportación de gas de Camisea, en la selva peruana, por una empresa española – argentina será vendido a México por un total de 21 mil millones de dólares y el Perú recibirá de ese monto solo 6 mil millones de dólares.

Diferentes investigaciones confirman que las inversiones directas en América Latina obtienen niveles de rentabilidad mayores que en otras partes del mundo que el propio EEUU. Hoy en día los trabajadores compiten al interior de las ramas, entre las ramas y al interior de los países.

El tema tributario es otra arista que limita el crecimiento sostenido. A partir de los ochenta se observa fuerte disminución de los impuestos sobre las ganancias, asociado a reformas que permiten una depreciación acelerada del capital. Es también un hecho que la baja del impuesto a las ganancias se relaciona con el incremento al consumo. Las remuneraciones de los ejecutivos de las empresas se aproximan a los niveles que tienen en los países desarrollados

En suma, América Latina y el Caribe podrán ocupar un mejor espacio en la comunidad internacional si logran actuar en bloques coherentes y fortaleciendo la gobernabilidad de sus países, eliminando los altos déficit de exclusión social no como una dádiva supuestamente generosa sino como una inversión. Porque en términos económicos, la falta de equidad social y el no propiciar la inclusión social, provocará inestabilidad y el fracaso de cualquier proyecto de desarrollo duradero.

 

grupoidd.org - Copyright© 2006. Lima - Perú   
descargar