PAPEL DE
ARBOL
LA
QUIMRA DEL ORO
Jorge Zavaleta
El oro podría ayudar a mejorar
la vida de miles de familias, siempre y cuando los gobernantes
y gobernados decidan enfrentar, con profundo realismo y
sentimiento humanitario, el duro trabajo infantil que persiste
en muchos pueblos de la tierra, particularmente en los andes
sudamericanos.
Los placeres auríferos nunca han dejado desarrollo
interno. Peor aún entre aquellos niños y niñas
que arañan las montañas y los desechos aluvionales
de los andes y riberas de los ríos amazónicos.
Esos niños manipulan explosivos, rompen rocas, trituran
minerales con rústicos equipos y están expuestos
a sustancias tóxicas como el mercurio.
Es posible reducir el drama?. Sí, en tanto exista
voluntad de respetar los derechos humanos y se promuevan
actividades productivas, mejoren la seguridad, la calidad
de la educación y de la salud.
El trabajo minero infantil es universal. En la región
latinoamericana empezó cuando las economías
de la vieja Europa, a partir del siglo XVI, empiezan a recibir
el metal precioso de las tierras de El Dorado.
En el mundo, hay alrededor de 250 millones de niños
y niñas que trabajan, de los cuales 180 millones
realizan actividades peligrosas. De ellos, una buena cantidad
participa en la extracción de minerales, una de las
peores formas de trabajo infantil, que según el Convenio
182 de la OIT, ratificado por la mayoría de estados
Latinoamericanos, debe ser extinguido.
La OIT alienta el rescate, en el presente quinquenio, de
un millón de niñas y niños que trabajan
en las minas y canteras artesanales. Para concretar esta
propuesta se espera la suscripción del compromiso
por parte Brasil, Colombia, Ecuador, Nicaragua, Filipinas,
Ghana, Mongolia, Pakistán, Perú, Senegal,
Tanzania, Burkina Faso, Togo y Côte d'Ivoire.
PERU
Sólo entre Colombia, Bolivia, Ecuador
y Perú existen más de medio millón
de niños en las principales áreas de la explotación
artesanal de oro, plata, estaño, carbón, esmeralda
y canteras de arcilla.
El oro en el Perú no es un recurso generador de riqueza
local. Sin embargo, se observa que la minería artesanal
podría ser “una oportunidad de oro para los
pobres”, según algunos emprendedores. El oro
podría resolver la suerte de no menos 50 mil familias.
Los propulsores de estas propuestas advierten que con poca
inversión, tecnología sencilla y trabajo intensivo
se puede aprovechar aquellos yacimientos que para la minería
convencional han dejado ser atractivos hace décadas.
La minería artesanal produce en el Perú unas
20 toneladas de oro, lo que representa, a precios internacionales,
unos 150 millones de dólares, además de otros
productos no metálicos y materiales de construcción.
El reto de esta minería es eliminar el trabajo infantil,
dotar de servicios básicos y proteger el ambiente,
evitando, especialmente, la diseminación del mercurio,
cuya rehabilitación de las áreas contaminadas
es sumamente difícil y costosa.
La minería artesanal en Perú cuenta con una
reciente legislación promocional, aunque el problema
de fondo no es solo de normas legales sino de decisiones
políticas. Efectivamente, la Ley 28964 de enero del
2007, crea el “organismo de supervisión de
la inversión en energía y minas”, con
financiamiento asegurado, proveniente del arancel de fiscalización
y de las multas que se impongan por las infracciones detectadas.
Además, la Ley 27651, que aprueba la formalización
y promoción de la pequeña minería y
la minería artesanal, otorga personería jurídica
a las pequeñas concesiones y estabilidad tributaria.
Obliga al Estado a impulsar programas de manejo ambiental,
ayudar al minero en el fortalecimiento empresarial - mediante
capacitación tecnológica, acceso a los insumos
convenientes y asesoría para la identificación
de fuentes de financiamiento.
La minería artesanal, tiene futuro en la medida que
avance la descentralización administrativa del país,
porque el centralismo permite que el Estado permanezca distante
de los poblados lejanos, señala el congresista por
Puno, Alfredo Cenzano, miembro de una familia, que desde
hace cuatro generaciones trabaja en la minería altiplánica.
EN EL ALTIPLANO
Sobre los cinco mil metros de altura, donde
el frío y el viento azotan sin clemencia, miles de
niños acompañan a sus madres en la diaria
jornada para extraer el oro de Ananea, Sina y Cuyo Cuyo,
en las provincias de Putinas y Sandia, cercanas a Bolivia.
La producción del oro también contamina el
Lago Titicaca.
“En Puno, varias comunidades campesinas producen algunas
toneladas de oro, pero a ellas no les queda nada. Sólo
pobreza y violencia, porque al Estado no le interesa tener
presencia en “zonas de conflicto”, reflexiona
Ernesto García, representante de World Learning en
un proyecto educativo financiado por el BID en las zonas
altiplánicas de La Rinconada y Cerro Lunar y con
proyección a una decena de comunidades.
Los principales centros artesanales de extracción
de oro de Puno están en La Rinconada y Cerro Lunar.
A seis horas en uno de los veinticinco buses que parten
de la ciudad de Juliaca, la capital del comercio surandino
del Perú. Según cálculos informales
la producción anual es una tonelada, aunque el ministerio
de Minas registró sólo 109 kilogramos a fines
del 2005 sólo. La verdad, el oro no se queda en esas
localidades sino se va por diferentes canales.
En La Rinconada, poblada por unas 30 mil personas, el gobernador
Lucio Cárdenas, es una autoridad simbólica,
sin recursos fiscales. Advierte que la visita de los medios
de comunicación sólo es para incentivar el
escándalo, la vida nocturna y no para cooperar con
el destino de los niños mineros. La iglesia está
lejana. No hay sacerdotes en esa zona, ni en el Perú
rural. La población no suele ir a la iglesia, salvo
en las fiestas patronales. El sacerdote vive en la capital
de la provincia. Poco puede servir la iglesia ahora.
Hay escuelas de primaria y un colegio secundario. “Son
maestros de miércoles”, dicen los padres de
familia porque es el único día de la semana
que dictan 6 horas de clases. El mejor profesor es aquel
que alterna el aula con la cantina. Otros comparten su tiempo
en labores mineras. Hay algunos colegios privados que en
condiciones muy precarias tratan de brindar una educación
alternativa donde los padres de familia pueden exigir mejor
servicio para sus hijos. Los servicios de salud, que son
escasos, funcionan mejor que los educativos.
El agua, en La Rinconada, es escasa. Llega desde los manantiales
a través de rústicos y viejos tubos de plástico
o en cisternas a precios muy altos. Mucha basura en las
calles porque el volquete municipal no funciona por falta
de dinero para el combustible.
Estadísticas del pequeño centro de salud indican
que las muertes, en su mayor parte, son por accidente e
intoxicación por monóxido de carbono. Otra
enfermedad, propia de los socavones, difícil detectar
es la silicosis, porque no hay equipos de rayos equis.
COOPERATIVAS
Hay dos modalidades de extracción:
individual y a través de las cooperativas. En ambos
casos, la forma es artesanal. Cada contratista convoca entre
100 y 400 trabajadores. En realidad, unas 20 mil personas
laboran en La Rinconada. “Los dirigentes de la cooperativa
son muy activos, viajan por el mundo y por Lima, están
muy enterados de los precios del mineral, pero esa dinámica
gremial no se traduce a favor de sus asociados”, comenta
Pedro Cárdenas, un socio de la cooperativa.
Los mineros de Ananea están organizados en cooperativas,
existiendo titularidad sobre 4 concesiones otorgadas desde
1993 a la Central de Cooperativas Mineras de San Antonio
de Poto, por la empresa pública Minero Perú.
En la actualidad existen 6 cooperativas consolidadas y 2
recientes, que están aglutinadas en una Central.
Los socios lavan y venden el mineral colectivamente, pero
el pago depende de la dedicación de cada socio.
En La Rinconada, como en todos los centros auríferos
de los andes, reina el desorden. Están registrados
en el municipio más de 150 establecimientos comerciales,
entre burdeles y karaokes. La violencia familiar es muy
intensa. El hombre bebe licor con frecuencia. Llega a la
casa sin dinero, maltrata a la mujer y a los hijos. Esa
es la rutina. Los hombres frecuentan las casas de cita,
con mujeres que vienen de la costa, de Puno o de Bolivia.
Los conflictos diarios son una monotonía. El juez
de paz letrado Dagoberto Reynolds confiesa su fatiga por
que todos los días recibe el mismo lamento, la misma
queja de centenas de mujeres, y porque no dispone de los
instrumentos legales y económicos para corregir la
violencia.
LA EXTRACCION
El mineral se extrae de socavones, y también
de los cerros, mediante fuertes chorros de agua que eliminan
la tierra y hace visible las rocas donde hay mantas o hilos
oscuros de oro en bruto.
El salario no se conoce. La moneda no existe. El “cachorreo”
es una forma de pago y depende de la buena suerte. Hay veces
el obrero logra extraer entre 20 y 30 gramos, pero podría
ser 5 gramos o menos.
El trabajador opera 28 días al mes para el contratista
y dos para el mismo. Hay contratistas que disponen de maquinarias
y pueden extraer más mineral. Pero la mayoría
opera de manera rústica, con herramientas sencillas:
combas y lampas. El ingreso familiar es de 15 ó 20
dólares al mes, pero, además, el pan, cacao
y algunos otros alimentos básicos tienen precios
especulativos.
En una población mayoritaria de pastores de ovejas
y alpacas, el trabajo de los niños es una costumbre
muy arraigada. Se toma de excusa la pobreza para que los
niños ayuden a la familia. La educación es
tan mala, que a los niños más les importa
trabajar.
El drama laboral tiene dimensiones peligrosas. El poco dinero
que gana el padre de familia es complementado con las faenas
de las mujeres o “pallaqueras” que se acompañan
de sus menores hijos. Dominga Murga, llevo más de
12 años trabajando en La Rinconada “y hasta
ahora solo gano para supervivir”, remarca.
COOPERACION INTERNACIONAL
Es escasa y ayuda a cubrir relativamente
el vacío del Estado. En La Rinconada, en los últimos
años vienen trabajando las organizaciones Gama de
Suiza y más reciente World Learning for International
Development (WLID), fundada en Nueva York en 1932.
Los promotores de World Learning explican que ejecutaron
un programa internacional para la prevencion y erradicación
del trabajo infantil a través de la educación.
El proyecto en Puno fue responsabilidad de los ministerios
de Trabajo de los EEUU y de Educación y Trabajo del
Perú, teniendo como ejecutora local a la Asociación
Allin Kawsay.
El trabajo de la WLID en Puno, en un primer momento se denominó
Proyecto Edufuturo y tenía como propósito
reducir la participación de niños y niñas
y adolescentes en la minería de los distritos de
Ananea y Sina, en la provincia de San Antonio de Putina
y en las comunidades de Oriental y Ancoccala de la provincia
de Sandia.
El PROYECTO
BID
Ese proyecto en una segunda etapa adquiere
el nombre de ComuFuturo y es financiado por el Fondo del
Japón en el BID, y tiene como finalidad ayudar a
reducir la pobreza, durante el 2007 y 2008, facilitando
soporte técnico y financiero a los grupos comunitarios
mineros para que ejecuten sus propios planes de acción.
Busca evaluar cómo la movilización y la acción
comunitaria contribuirán a la reducción del
trabajo infantil. Es un programa aparentemente invisible,
con notables resultados
ComuFuturo es parte de la campaña mundial por la
educación, particularmente en áreas rurales.
Es complementario del proyecto EduFuturo que influencia
en 13 provincias de Puno. En el proyecto, el pago de los
docentes para actividades educativas complementarias (como
las vacaciones útiles) es responsabilidad de las
municipalidades. También promueve el desarrollo de
presupuestos participativos distritales y participación
en el diseño del proyecto educativo de la Región
Puno.
ComFuturo, convoca a las instituciones de la región
y cuenta con ocho pequeños proyectos comunitarios
orientados a la reducción del trabajo infantil y
el desarrollo académico y humano de los niños
y niñas.
Algunos avances: Grupos de jóvenes están modificando
el horizonte de sus vidas a partir de los talleres de producción
de artesanía y dulces y los talleres de orfebrería
en oro y plata, en condiciones más seguras que la
minería. A ello se suma el impulso a la organización
de wawa wasis (casa hogar, en quechua), grupos de estudios
para adolescentes y mejoramiento de Bibliotecas Comunitarias.
En poco tiempo se aprecia un notable crecimiento de las
matrículas escolares. Los avances no se dejan esperar.
Se está logrando un número mayor de matriculas
escolares.
En los centros mineros del Altiplano hay mucho que hacer.
Sin duda los niños que se liberen del trabajo en
las minas - como lo escribió Jack London, en La Quimera
del Oro de los territorios esquimales, a fines del siglo
XIX -, serán los primeros cimientos para una sociedad
más justa.