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La
gestión de la cultura
EN EL CONTEXTO
DE LA GLOBALIZACIÓN
Por: Renato
Poma (1)
Director del Instituto Italiano de Cultura de Lima
Los fenómenos contemporáneos
de globalización han intensificado las posibilidades
de encuentros y conflictos multiculturales. No se trata ahora
-como en el momento de la internacionalización- de
una apertura de las fronteras geográficas nacionales
para incorporar bienes materiales y simbólicos de los
demás países; se trata de que en la globalización
interactúan simultáneamente actividades económicas
y culturales dispersas generadas por un sistema de múltiples
centros donde lo que importa no es la posición geográfica
desde donde se actúa, sino la velocidad que se recorre
en el mundo. Los mensajes, productos y bienes simbólicos
que consumimos ya no se generan en la nación en que
vivimos, sino en redes masivas y simultáneas, sin importar
decisivamente el lugar de origen para millones de habitantes
del planeta. Las fronteras entre lo propio y lo ajeno se desvanecen.
Algunos de los rasgos principales de la globalización
son conocidos: la creciente movilidad de los individuos, la
explosión de circuitos internacionales, la crisis del
modelo estatal dominante hasta la década de 1970, las
dificultades de legitimidad del Estado-Nación, la pérdida
de autonomía de los Estados nacionales, la explosión
de reivindicaciones regionales y de culturas sojuzgadas; la
búsqueda de formas de identidad supranacionales e infranacionales,
el predominio de la massmediatización generalizada
y la influencia de los medios electrónicos de comunicación,
entre muchos otros.
En este contexto surge la noción de
"gestión cultural". A finales de la década
de 1960 en Europa occidental, tanto en el ámbito de
instituciones gubernamentales nacionales como de instituciones
supranacionales (la entonces Comunidad Económica Europea),
ingresa al discurso cultural el concepto de "gestión
cultural".
En sus inicios, la gestión cultural
no fue otra cosa que una propuesta distinta de actividad cultural
a la realizada por denominaciones como "promotores culturales",
"administradores y gerentes culturales" o, simplemente,
"trabajadores culturales". Poco tiempo después,
surgieron nociones más definidas como aquella de "mediadores
culturales", por ejemplo.
En la actualidad, tenemos que reconocer que
estas diferentes acepciones terminológicas contienen
insinuaciones y consecuencias relevantes en la dimensión
cultural.
La noción de "promotores culturales"
posee una importante tradición, sobre todo en la Europa
meridional (Italia y España). Parte del presupuesto
de que la cultura corre constantemente el riesgo de caer en
lo inanimado. Con tal fin, intenta aportar herramientas de
conocimiento y de educación artística para enriquecer
la creatividad personal y de las comunidades. Otorga a la
actividad cultural la función de incrementar y fortalecer
la mediación entre los productores y los receptores
de cultura. Sus tesis principales son el incremento de las
comunidades y el necesario apoyo a la intermediación,
que conlleva una gran importancia del aspecto pedagógico.
La denominación de "administradores
y gerentes culturales", con un peso significativo sobre
todo en Francia, acentúa la posibilidad y necesidad
de organizar la actividad cultural con principios y criterios
empresariales. Responde a escala mundial al incremento de
los presupuestos en cultura en la década de 1970 y
a la conversión de la cultura en un poder público
y un sector económico. No insiste tanto en la creatividad
como en la urgencia de consolidar equipamientos culturales
como empresas. Tal vez su proclama principal es: del equipamiento
a la empresa cultural. Hoy en la Unión Europea existen
variados programas y cursos universitarios de formación
con esta denominación.
La construcción "trabajadores
culturales" constituye una noción característica
y bastante difundida. Probablemente intenta sugerir la necesidad
de romper la distinción entre trabajo material e intelectual.
Todo trabajo, de alguna manera, es un quehacer cultural.
Postula la tarea de convertir a todos los
ciudadanos en trabajadores de la cultura. Posee una noción
extensa de cultura, realiza acciones para el rescate de lo
popular y plantea un nexo indisoluble entre educación
y cultura.
Muchos de los países de la comunidad
internacional adaptaron a sus realidades y expectativas estas
nociones, como también otras (tales como "agentes
culturales", por ejemplo) y conformaron su autoconcepción
de la actividad cultural. Algunos países las preservan
hoy con algunas modificaciones.
A partir de la década de 1980, los
operadores internacionales tienen bastante más claro
el rol de la gestión cultural. Ésta incluye
y asimila las denominaciones anteriores, pero sin existir
oposiciones, contradicciones o modificaciones relevantes entre
ésta y las anteriores. Según algunos, la inclusión
del predicado "gestión" en el ámbito
cultural termina borrando las fronteras entre las actividades
económicas y los procesos culturales.
De hecho éstos rechazan la expresión
"gestión cultural" como una intromisión
excesiva de lo económico o mercantil en la dimensión
cultural.
Otros consideran que lo gestionable en la
cultura solo puede entenderse a la luz de lo no gestionable,
ya que la libertad, la autonomía y la independencia
de los procesos culturales no son gestionables.
La expresión "gestión
cultural" está ligada a las grandes transformaciones
contemporáneas de la dimensión cultural. En
efecto, no cabe duda de que gracias a la globalización
la extensión de la noción de cultura, por motivos
filosóficos, sociales, políticos y jurídicos,
se ha agigantado. La crisis de las nociones de política
y desarrollo a partir de la década de 1970; la necesidad
de políticas culturales que gestionen ámbitos
más allá de la cultura artística, la
cultura tradicional y el patrimonio; la aceptación
e importancia de repensar rigurosamente las interrelaciones
entre economía y cultura, nos empujan a pensar en la
gestión cultural a través de nuevas categorías.
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(1) Director del Instituto
Italiano de Cultura de Lima
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