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Una colaboración
del MERCURIO -España *
SEMBRANDO DESIERTOS
Por: Bruno
Geller
Cincuenta millones de personas podrían
convertirse en refugiados ambientales en los próximos
diez años a causa de la desertificación, advierte
un estudio auspiciado por la Universidad de las Naciones Unidas
en el que participaron 200 científicos. Un tercio de
la población mundial es hoy víctima potencial
de los efectos de la desertificación.
La pérdida de la productividad del
suelo a causa de la desertificación es una amenaza
inminente para la estabilidad internacional, según
revela un estudio de la Universidad de las Naciones Unidas
(UNU, según sus siglas en inglés), elaborado
por 200 científicos de 25 países.
La desertificación, exacerbada por
el cambio climático, representa uno de los desafíos
más grandes de nuestros tiempos a enfrentar en materia
de medio ambiente. Los gobiernos deberían tomar medidas
para evitar la migración forzada de millones de personas
que habitan en las regiones que están en riesgo, aseguran
los especialistas. Un tercio de la población mundial
–aproximadamente dos mil millones de personas- es víctima
potencial de los efectos de la desertificación. Según
los expertos, 50 millones de personas podrían verse
desplazadas a causa de una severa desertificación en
los próximos 10 años, una cifra que equivale
a la población total de Sudáfrica o Corea del
Sur.
“Es imperativo que se apliquen políticas
efectivas y prácticas agrícolas más sostenibles
para revertir el deterioro de las tierras”, afirma el
Profesor Hans van Ginkel, subsecretario general de las Naciones
Unidas y rector de la UNU.
Soluciones
Según los expertos, para proteger
las tierras que están en riesgo es necesario que se
formulen y apliquen políticas que regulen el uso del
suelo. Desde su punto de vista, es urgente ponerle fin al
pastoreo excesivo, la sobreexplotación de los suelos
y las prácticas de irrigación no sostenibles,
que deterioran las tierras.
El informe destaca que el combate contra
la desertificación contribuirá a mitigar el
cambio climático y a evitar la pérdida global
de la biodiversidad.
El doctor Pablo Canziani, Investigador Independiente
del CONICET y Director del Equipo Interdisciplinario para
el Estudio de Procesos Atmosféricos en el Cambio Global,
explica que la vegetación cumple un papel central en
la lucha contra el cambio climático, dada su capacidad
para atrapar dióxido de carbono (CO2), el principal
gas causante del efecto invernadero. “Toda forma de
vegetación en un razonable buen estado (plantas sin
enfermedades o en plena actividad), sirve primero para absorber
el CO2. Por otra parte, en suelos en riesgo o naturalmente
débiles, la cobertura de vegetación sirve para
mitigar los efectos de lluvias intensas, retener la humedad
del suelo mediante la cobertura y las raíces bajo tierra.
Además, frena el escurrimiento y el drenaje del agua,
favoreciendo la calidad del suelo”, destaca Canziani
y agrega: “Cuando el suelo está también
en buenas condiciones puede, por procesos de los microorganismos,
retener CO2”.
El cambio climático acelera el proceso
de desertificación. “En un suelo degradado, los
cambios climáticos, caracterizados por perturbaciones
extremas como sequías, inundaciones o eventos meteorológicos
severos, por ejemplo las tormentas de gran intensidad, tienen
un mayor impacto. Estas nuevas condiciones extremas afectan
tanto la cobertura vegetal como el estado del suelo”,
subraya Canziani.
Los autores del informe de la UNU sugieren
que los gobiernos de los países y los responsables
de políticas deberían desestimar la noción
de que la aridez y la escasez de agua son inevitables, para
que se haga algo al respecto. También proponen la creación
de incentivos financieros para que los responsables de las
tierras cuiden los ecosistemas en los que habitan. Inclusive,
para evitar la sobreexplotación de los suelos, sugieren
la promoción de otras fuentes de ingreso para los habitantes
de esas regiones, como las actividades turísticas o
vinculadas a la industria.
Para los autores del informe, es necesario
que se realicen campañas de educación para que
las poblaciones locales y las autoridades de esas zonas en
riesgo tomen conciencia sobre la fragilidad de los recursos
naturales y comprendan qué es y cómo se produce
la desertificación.
Estas medidas deben integrarse a políticas
de protección del ambiente coordinadas a nivel regional,
nacional e internacional, para enfrentar el problema de forma
global y coherente, aseguran los expertos.
Refugiados ambientales
Los autores del estudio urgen a los gobiernos
a que incluyan dentro de su agenda política la problemática
de las poblaciones que están en riesgo de convertirse
en refugiados ambientales. Los instan a determinar las consecuencias
sociales, económicas y ecológicas que puedan
generarse a partir de esas migraciones y destacan que es necesario
crear un marco legal global que reconozca y ofrezca asistencia
a los refugiados ambientales.
Combatir la desertificación, con políticas
de desarrollo sostenible, no sólo evitaría el
desplazamiento de poblaciones sino que aseguraría una
fuente de ingreso para millones de personas que dependen de
los recursos naturales de esas regiones en riesgo.
Si no se revierte el cambio climático
y no se cuidan los recursos naturales, el número de
refugiados ambientales aumentará, habrá personas
que deberán abandonar sus hogares por el aumento del
nivel del mar, por la desertificación o por inundaciones,
entre otras causas ambientales.
¿Qué
es la desertificación?
La desertificación no es el avance
de los desiertos (regiones hiperáridas), sino un proceso
de degradación de los suelos que afecta zonas menos
áridas, pobladas, con desarrollo agrícola y
ganadero, que dejan atrás su condición de tierras
fértiles, lo que acarrera consecuencias devastadoras.
En los últimos años, más
de tres de los cinco mil millones de hectáreas de tierras
áridas utilizadas para la agricultura en todo el mundo
han sufrido la erosión y la degradación. La
desertificación suele ser producto de un pobre manejo
de la tierra: cultivo y pastoreo en exceso, prácticas
de irrigación inadecuadas, tala indiscriminada de árboles
e incendios forestales, entre otras causas.
La desertificación
en Argentina
En la Argentina, el octavo país más
extenso del mundo, las zonas áridas, semiáridas,
y subhúmedas secas representan el 75 por ciento de
la superficie total, donde se asienta el 30 por ciento de
la población.
“Cerca de un 30 por ciento del territorio
argentino sufre procesos de degradación de suelos y
desertificación, en casi todas las regiones del país.
El desmonte y la exacerbación del mono-cultivo pueden
tener en poco tiempo un efecto multiplicador de este daño
ambiental que es muy preocupante”, afirma el doctor
Pablo Canziani, Investigador Independiente del CONICET y Director
del Equipo Interdisciplinario para el Estudio de Procesos
Atmosféricos en el Cambio Global.
De acuerdo con los doctores Héctor
F. del Valle y Fernando R. Coronato, investigadores del Centro
Nacional Patagónico (Cenpat-CONICET), las provincias
más comprometidas por el proceso de desertificación,
y en las cuales se deberían priorizar las medidas de
atenuación y/o control son en orden prioritario: Santa
Cruz, Neuquén, Chubut y Río Negro.
“Si la geografía es la manifestación
de la sociedad en el espacio físico, un espacio físico
deteriorado refleja una sociedad deteriorada” afirman
del Valle y Coronato. Con respecto al proceso de desertificación
indican que “los esfuerzos deben estar orientados a
consagrar los recursos humanos y materiales, energía
y tiempo para encontrar soluciones duraderas.”
“El problema de la desertificación
escapa del nivel técnico y pasa a ser político.
Es en todo caso, un problema social. Controlar y combatir
la desertificación es, más que un desafío
técnico, un desafío social” concluyen
Del Valle y Coronato.
* MERCURIO
-España
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