El
Arte de vivir en Juárez
Cd. Juárez es una urbe gris, polvorienta;
carente de rasgos distintivos que le den una personalidad
más allá de lo que su hijo adoptivo y pródigo,
el cantante Juan Gabriel haya hecho por ella. A veces hija
y siempre hijastra, la identidad Cd. Juárez se debate
entre el choque cultural de las fronteras México -Norteamericana.
Ahí en ese punto empieza Latinoamérica misma
que no acabará hasta miles y miles de kilómetros
más al sur, al llegar a la Patagonia. Cruzar el puente
fronterizo que la separa de El Paso, Texas, no implica ningún
tipo de trasgresión sociográfica. A fin de cuentas
ambas ciudades se encuentran sobre el mismo paraje semidesértico,
ambas utilizan el dólar como moneda de uso frecuente
y ambas ciudades acunaron el spanglish, como principal jerga
de comunicación. No, cruzar al lado mexicano implica,
más bien, un cambio de actitud, esa embriagadora característica
mexicana a la que William Bourroghs llamó “el
arte de no meterse con los demás” refiriéndose
a que en México, se podía permanecer tirado
a media banqueta, absolutamente borracho, y nadie, en lo absoluto,
le molestaría.
Pero el “arte de no meterse con los
demás” ha llegado demasiado lejos en Ciudad Juárez,
y ha pasado a ser un verdadero circo de impunidad, “feminicidio”
y tráfico de influencias. Tras más de 430 cadáveres
encontrados, y más de 600 desapariciones reportadas,
las teorías de asesinos seriales, de contrabandistas
de órganos, de secuestros para filmaciones pornográficas
y video snuff, o de bandas policíacas que organizan
orgías; lejos de todas esas teorías, lo que
sucede en Juárez está por demás entendido,
el asesino no es uno, ni es un grupo, el asesino está
entre nosotros, el asesino hemos sido todos nosotros con nuestro
silencio.
Por lo menos esa es la conclusión
de los movimientos del arte plástico y escénico.
Señalan a la sociedad mexicana, abanderados en una
protesta permanente ante la incompetencia de las autoridades
por ponerle fin a la ola de asesinatos perpetrados en Ciudad
Juárez: Las Muertas de Juárez como se les ha
insistido en llamar, es el “feminicidio” más
ultrajante vivido en tiempos modernos, y que ha motivado la
expresión indignada de muchas voces de la escena artística
e intelectual.
La artista contemporánea Margarita
García, videoasta y promotora cultural de movimientos
fronterizos asegura que “en la frontera la vida corre
diez veces más rápido”, que un año,
equivaldría a diez años fuera de ella. Quizás
por esa proporcionalidad, la sociedad juarense aun no ha organizado
brigadas al más puro estilo “cacería de
brujas” para atrapar a los asesinos, quizá por
eso no patrullan las calles, no peinan el área de los
suburbios. Quizá es por eso que cuando aquel investigador
neoyorquino, el mítico y sagaz Robert Ressler, ex agente
del FBI e inspirador del filme El Silencio de los Inocentes,
le dijo a la policía estatal de Chihuahua, allá
en 1998, que en dos años de trabajo él podría
determinar un perfil del asesino y atraparlo, el gobierno
se negó de inmediato alegando que era mucho tiempo
y que además, Mr. Ressler cobraba demasiado. Quizá
traspolando esos dos años al tiempo fronterizo, las
cortas mentes de las autoridades pensaron que la investigación
duraría 20 años… y para allá va.
La protesta como forma
de arte y viceversa
Los artistas de advance se expresan sobre
lo que sucede en Juárez recurriendo a los más
innovadores recursos plásticos y escénicos:
monólogos, performances, happenings e instalaciones.
Géneros no asentados en el aletargado bagaje cultural
mexicano, si bien es difícil comprender sus vanguardistas
conceptos, más complejo es entender el sentido de la
protesta que abanderan. En el caso de Las muertas, muchos
de ellos han sido premiados en todos los niveles, llevados
a su demostración en ciudades europeas como Londres,
París y Ámsterdam. Destaca, el monólogo
de Cristina Michaus, dirigido por Enóc Leaño,
Las muertas de Juárez, un primer monólogo presentado
en Ciudad de México y que habla de los sentimientos
de impotencia e inseguridad de los familiares de las víctimas.
Como de la sociedad juarense en general, del miedo a ser asesinadas
o el miedo a perder a una hija. Michaus, actriz de más
de 27 años de trayectoria en los escenarios, ganadora
de un Ariel en 2002, protagonista del nuevo cine mexicano
en cintas tan taquilleras como El tigre de Santa Julia, además
de ser becaria del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes
de México (FONCA), ha emprendido campañas como
Paz para Juárez y acompaña en su gira nacional
a la exposición gráfica de 300 máscaras
que representan los rostros anónimos de cada víctima.
Otras célebres primeras actrices mexicanas
se han manifestado en contra de los asesinatos, pero ninguna
como la activista Ofelia Medina, a quienes muchos han tachado
de radical y hasta de “loca extremista”; lo que
no quita ni una pizca de inteligencia, sinceridad y coherencia
a su discurso de protesta. En el campo escénico de
los monólogos, el mega taquillero Los monólogos
de la vagina característico por buscar diversos arquetipos
femeninos representados por actrices, conductoras y periodistas
mexicanas de renombre, ha buscado alinear su discurso a una
protesta contra la violencia hacia las mujeres, pero han caído
más en una conducta de oportunismo que en una franca
protesta contra el asesinato de mujeres.
“Feminicidio / Muertas por ser mujeres/
Sacos de huesos/ Sin órganos/ Como no nacidas... Cuerpo
de mujer, peligro de muerte”. Así habla la voz
de Lorena Glinz, en la lectura del texto de Isabel Vericat,
ambas integrantes de Epikeia. Lorena parte en dos el escenario
de su performance en un prolongado grito. Todo bajo el nombre
de Tributo y Testamento. Por otro lado, Lorena Wolffer, creadora
y protagonista del performance Mientras dormíamos,
provoca en el espectador una sensación de profunda
tristeza y consternación y nos reparte la culpa por
la manera en que aceptamos la violencia contra las mujeres,
“porque mientras dormíamos seguían siendo
asesinadas y desaparecidas sin más sentimiento por
nuestra parte que una pasiva indignación”, afirma
Wolffer. Así, el mapa de violencia sobre la constitución
femenina se va trazando sobre el cuello, las piernas, la pelvis,
los senos, la cabeza y el abdomen de la artista, iluminados
en la penumbra. Expresando ese gran vacío escénico,
taciturno, hueco y frío sobre el que se queda el silencio
ajeno.
Dentro o fuera de este escenario, las actrices
mexicanas se solidarizan en la denuncia, en la exigencia de
acciones más efectivas, inmediatas, permanentes. Lilia
Aragón, Pilar Pellicer, Susana Alexander, Eve Essler,
Bianca Marroquín, Vanessa Bauche. Por mencionar algunas
de las que alguna vez se han pronunciado enérgicamente
en contra del “feminicidio”. Retando autoridades,
abanderando protestas, financiando organizaciones, extendiendo
comunicados. Acusando a las autoridades por el silencio y
la somnolencia con que han asumido los asesinatos de mujeres.
Video documentación:
Narrativa y periodismo con carácter creativo
El documental Señorita Extraviada
(Missing young woman, México, 2001) de la realizadora
Lourdes Portillo, representa uno de los trabajos de mayor
impacto y que recibió el galardón al mejor largometraje
documental que otorga la Academia Mexicana de Arte y Ciencia
Cinematográfica, el Ariel. En la entrega de los premios,
el documental se impuso a las películas Los Últimos
Zapatistas y Niños de la Calle. El filme es transmitido
por televisión desde 2004 se estrenó en el canal
22 de CONACULTA.
Rafael Montero (Cilantro y Perejil, 1996,
Corazones Rotos, 2001, Dame Tu Cuerpo, 2002), dirige y produce
Preguntas Sin Respuesta (México, 2004). Realizada en
video digital, es un conjunto que reúne testimoniales
que, lejos de mostrar una postura, estremecen por el acogedor
testimonio de las madres de algunas de las mujeres que más
violentamente murieron. La voz en off a cargo de Héctor
Bonilla hila una a una las imágenes de este sórdido
testimonio que nos acerca al drama y sus protagonistas.
Para no variar, otra mujer, Alejandra Sánchez
del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos
de la UNAM realizó el video documental Ni una más,
en memoria de Lilia Alejandra García, una de las víctimas
de los asesinatos perpetrados en Chihuahua. Este, sin menos
éxito en el reconocimiento creativo, fue uno de los
más difundidos, ya que es uno de los más referidos
en la base universitaria como en los círculos artísticos.
La artista canadiense de origen colombiano
Claudia Bernal presentó en el Zócalo de D.F.
-y dos años más tarde en Montreal, Canadá-
el proyecto de instalación-video relativo a las mujeres
asesinadas, con el rimbombante título de “Monumento
a Ciudad Juárez: sólo las que mueren de muerte
violenta van directamente a uno de los paraísos”,
que se compone de 300 urnas de barro, tortillas, cuerdas y
telas, así como un video realizado por la artista en
Ciudad Juárez. La obra fue financiada por el Consejo
de las Artes de Canadá. Su compenetración con
la presencia cultural de las comunidades latinas en Canadá
la hace una de las artistas de vanguardia de mayor peso en
la escena latinoamericana.
“Femicidio” Hecho en México
(México, 2003) Producido y dirigido por la joven actriz
Vanesa Bauche, es un trabajo derivado del montaje de la obra
de teatro itinerante Mujeres de Polvo, de Humberto Robles,
basada en testimonios reales con el objetivo de abrir un debate
sobre el “feminicidio” y el silencio que rodea
a sus víctimas. Fundadora del Movimiento Cultural Techo
Blanco (MCTB) en 1999, Bauche, al lado del cineasta Alejandro
Ramírez, promociona la difusión de cortos en
la muestra itinerante Este Corto Sí Se Ve y se destaca,
así, como una de las realizadoras más comprometidas
con este tema.
Otros recientes trabajos documentales de
baja difusión son Bajo Juárez de Alejandra Sánchez
y José Antonio Cordero Juárez; Desierto de esperanza
de Cristina Michaus, Ciudad Sin Ley producido por Isabel Vericat
para Telemundo; La batalla de las cruces, de Patricia Ravelo;
On the Edge, de Steve Hise.
Finalmente, el radio documental La Cruz de
Juárez, asesinadas de Ciudad Juárez, reportaje
de Sandra Vanesa Robles, Mario Mercuri y Gilberto Domínguez
para la radio de la Universidad de Guadalajara fue un trabajo
premiado por la Fundación Nuevo Periodismo. En él
se relatan testimonios de las familiares de las asesinadas,
de las autoridades, del propio Ressler y de la sociedad juarense.
Su música y narrativa, introducen al radio escucha
en oscuro bullicio de frontera, ruido sordo que entre silencios,
voces y llantos, nos adentra el drama de vivir con miedo.
El asesino entre nosotros
Entre las tradicionales exposiciones de plástica
joven, de libros dedicados al tema, de documentación
en todo tipo de formatos, el asesinato de mujeres es un tema
fuerte, con mucho jugo para quienes deseen impregnar sentido
social a su discurso artístico; pero que no está
exento de oportunismo propio de este ambiente. Abanderar una
protesta cuando no se está al interior de ella puede
sonar poco comprometido y hasta frívolo si el discurso
artístico no es coherente con la actitud del artista
o el comunicador. Recordemos que desde que Picasso comprometió
el sentido de su obra a la protesta por las invasiones de
El Eje contra España, desde que el “Guernica”
plasmó la relación entre la expresión
estética, el horror y el miedo, alzar los puños
como símbolo de descontento, hacer arte en sentido
de protesta, es rúbrica de los tiempos modernos. El
arte de vanguardia es símbolo de nuestros días
y es el caso del “femenicidio” de Juárez
uno de los que mayor necesidad tiene del tipo de respuesta
social que el artista convoca. Aunque sumamente susceptible
a seudo artistas hambrientos de un protagonismo amparado en
la ignorancia y la poca difusión de la originalidad.
Asesinos que mutilan y despedazan, arteramente, la atención
de los públicos hacia los espacios culturales y hacia
temas de prioridad social. Su peligro es latente y ese tipo
de asesino, también se encuentra entre nosotros.
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Prometeo Murillo, periodista cultural y editor de la revista
Artefacto. Contacto: prometeomurillo@hotmail.com
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