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Una colaboración
de la revista OPINIÓN SUR -Argentina *

ECONOMÍAS REGIONALES BALANCEADAS

Roberto Sansón Mizrahi
© Copyright Opinión Sur


Nuestros países del Hemisferio Sur están luchando por desplegar un tipo de desarrollo que sea inclusivo y sustentable. Pero al interior de esos países, en sus distintas regiones geográficas, se reproducen las pautas de crecimiento que nos están impidiendo avanzar con mayor posibilidad de éxito. Digámoslo con toda claridad: las economías regionales de los países del Hemisferio Sur reproducen en su seno las causales de nuestro pobre desarrollo. La buena nueva es que esto puede corregirse.

En general las economías regionales se desarrollan sobre ejes sociales y productivos extremadamente angostos. Muchas de ellas son dependientes de uno o dos sectores de actividad y la distribución del ingreso suele ser altamente concentrada. Por ejemplo, en Argentina era tradicional que la economía de Tucumán fuese altamente dependiente de la caña de azúcar y luego del limón; Mendoza y San Juan, del vino y la fruta seca; Misiones, del tabaco y la yerba mate; Patagonia, de la lana; Salta, del poroto; y así otras regiones. Esto felizmente fue cambiando con la incorporación de otros sectores dinamizadores como fueron el petróleo, la minería, el turismo, la pesca, los servicios informáticos y diversas manufacturas, entre muchos otros. De este modo el tejido productivo regional fue paso a paso diversificándose aunque queda aún muchísimo por desandar. Lo que no siempre se logró fue ensanchar la base social del crecimiento, con lo que importantes segmentos de personas se mantienen en la pobreza y aun en la indigencia.

¿Cómo lograr corregir esa forma de crecer sin desaprovechar las ventajas competitivas que cada economía regional posee?

Primero que nada vale apreciar y valorar adecuadamente las actividades dinámicas que priman en la economía regional cuidando que eventuales efectos secundarios no afecten negativamente al medio ambiente, la cultura de trabajo, la solidaridad, el desarrollo del capital social de confianza y de convergencia de intereses que está en la base de cualquier esfuerzo sustentable de desarrollo. Esto es, alentar las actividades dinamizadoras de modo que sigan generando el mayor valor agregado posible dentro de la propia región y sin que produzcan efectos negativos; lo cual no significa cerrarse a procesos más amplios de integración y especialización pero sí de explorar qué complementos pueden promoverse dentro de la región para ensanchar social y productivamente las principales cadenas de valor. Se trata de maximizar efectos multiplicadores al interior de la región procurando que sus resultados puedan distribuirse de forma amplia y no concentrada.

Esto incluye apoyar esfuerzos de emprendedores que logren movilizar productivamente a sectores medios y, muy especialmente, a sectores pobres e indigentes. El más efectivo sistema distributivo no es el asistencialismo, siempre temporal, sino aquel que posibilita la participación productiva de todas las capas poblacionales y con ello provee buenos ingresos de manera sustentable. Para asegurar esto es crítico promover la formación de capital en la base de la pirámide productiva de modo que los sectores hoy rezagados tengan las condiciones para reinsertarse en el crecimiento regional en mejores términos. Como se verá en las líneas que siguen no es éste un desafío menor aunque es imprescindible y posible encararlo.

Un tipo de desarrollo amplio y no concentrado puede darse en algunos pocos casos de forma espontánea, que es cuando convergen en la región una serie de circunstancias que facilitan la emergencia de actividades complementarias y donde los resultados logran ser distribuidos con justicia entre la población. Un factor crucial es que exista un Estado eficiente, facilitador y solidario que no interfiera sino que aliente la creatividad y la iniciativa, pero que sepa al mismo tiempo enfrentar la corrupción, la evasión impositiva y asigne con inteligencia y equidad el gasto público de varios niveles que confluyen sobre la región. Otro factor absolutamente decisivo es que pueda emerger un dinámico sector emprendedor capaz de movilizar a muy diferentes estratos productivos.

Estamos entonces destacando que la energía emprendedora creadora de riqueza es necesaria para que nuevas iniciativas productivas puedan gestarse, pero también que para que esas iniciativas puedan materializarse es necesario que exista un favorable entorno de conexiones comerciales, de infraestructura, de seguridad, de educación y capacitación. Es decir, se requiere de quienes sean capaces de identificar y aprovechar oportunidades económicas conduciendo a buen puerto iniciativas productivas pero también, para poder viabilizar eso, de un contexto apropiado de infraestructura social y económica (comunicaciones, vias, energía, riego, educación, salud, vivienda, seguridad, etc.) y de capital social (relaciones de confianza, redes de contactos, sistemas de apoyo, valores de solidaridad y de convergencia social).

Ocurre que en muchos casos esas condiciones que posibilitan motorizar un desarrollo regional balanceado no se presentan en forma espontánea y necesitan entonces ser promovidas en forma más o menos activa. Aquí es imprescindible distinguir entre intervencionismo estatal que traba y perjudica la acción emprendedora, y otras acciones públicas que lo alientan y canalizan.

Está claro que quienes lucran con la desigualdad y la concentración de la riqueza y de los ingresos se opondrán siempre a cualquier tipo de sistema de promoción que pudiera afectar directamente sus intereses. Podrán esgrimir razones ideológicas o filosóficas pero, en última instancia, también estarán defendiendo prebendas y privilegios formales o informales que hacen posible que puedan reproducir en el tiempo su situación de preeminencia. Lo interesante es que algunas situaciones de preeminencia no atentan contra un desarrollo regional más balanceado mientras que otras sí. Porque no se trata de torpemente nivelar hacia abajo, sino de reforzar núcleos dinámicos de crecimiento de la región que logren maximizar efectos multiplicadores de modo de poder avanzar hacia sociedades más inclusivas y sustentables.

El reduccionismo ideológico de izquierdas y derechas no alcanza para diferenciar qué tipo de iniciativas y de formas de operar construyen sustentabilidad e inclusión, y cuáles otras concentración y reproducción indefinida de la pobreza. La divisoria de aguas, si la hubiere, pasa por otro lado.

En todo caso, se necesita de un Estado ágil, desgrasado de peso muerto y de corrupción, que básicamente aliente y facilite múltiples iniciativas asegurando reglas claras de justicia y opere con efectividad. Un Estado firme para eliminar la evasión, las prebendas y el clientelismo económico; que no pretenda gestionar aquello que pudiera contaminarlo y minar su credibilidad y honestidad, pero que actúe estratégicamente para orientar las principales trayectorias y asegurar condiciones favorables para que miles de iniciativas productivas puedan florecer movilizando la base de población pobre e indigente sin afectar negativamente al medio ambiente.

No existe más aquello de promover el crecimiento regional que luego la riqueza se derramará a toda la comunidad. Ese derrame muchas veces no llega o arriba tan mediatizado que no logra alterar la forma concentrada de crecer de nuestras economías regionales. Hoy el desafío es crecer distribuyendo; que la distribución de ingresos sea la otra cara de la moneda productiva: que sectores medios, pobres e indigentes participen en emprendimientos económicos que sean los generadores de ingresos populares.

Con esto explicitamos que estamos por el desarrollo de la iniciativa emprendedora, por un Estado nacional, provincial y municipal que genere condiciones de entorno para que esa movilización emprendedora se materialice en un desarrollo sostenible, inclusivo, de base ancha; que, en ese contexto, reconocemos como determinante la formación de capital en la base de la pirámide social.

El desafío es cómo lograrlo. ¿Con qué instrumentos contamos? ¿Qué pueden hacer en ese sentido y de una manera muy concreta las fuerzas políticas y los movimientos sociales y empresariales de nuestras economías regionales?

En principio se pueden hacer muchas cosas y no habrá recetas estrechas que restrinjan a un par de ideas simplistas la acción regional. Porque no se trata de alambrar o asfixiar la creatividad regional con un par de ideas “geniales” a aplicar en todo momento y lugar. Esto va como advertencia incluso sobre lo que a partir del próximo párrafo este mismo autor se animará a sugerir. Lo que importa es ejercer buen criterio y un análisis riguroso pero que llegue a ser propositivo. Muchas buenas ideas deben ser exploradas y tamizadas y aquéllas que prueben en la realidad ser efectivas son las que debiéramos adoptar.

Suele haber un descalce entre objetivos y estrategias de desarrollo pero, mucho más grave aún, una enorme brecha entre objetivos y estrategias por un lado y, por otro, instrumentos de acción concreta que permitan materializar esos objetivos y estrategias. Esto se aprecia con toda transparencia a nivel regional y local donde las autoridades se ven confrontadas con demandas populares de empleos e ingresos y no disponen sino de rudimentarios, y la mayor parte de las veces bastante ineficaces, programas e instrumentos para salirle al cruce a esas demandas.

Hemos venido insistiendo desde estas páginas de Opinión Sur, así como en la Colección de libros Opinión Sur(1), en que necesitamos dar paso a una nueva generación de instituciones económicas, en las que la eficacia se asocie intrínseca y operativamente con la equidad y la democratización de oportunidades. Para que esto no quedase a nivel de aspiración o simple declamación hemos encarado el diseño de algunas de esas nuevas instituciones, instrumentos operativos de promoción con capacidad para materializar lo que se pregona. Entre otros hemos planteado desarrolladoradoras de negocios comunitarios y de emprendimientos locales; redes locales de inversores ángeles socialmente responsables y fondos locales de apoyo a la inversión productiva. No son los únicos posibles ya que existen muchos otros pero estos tres instrumentos tienen un potencial enorme para movilizar iniciativas productivas locales, ayudar en la formación de capital de pequeños emprendimientos, relacionarlos en mejores términos con promisorias cadenas de valor, generar empleos sustentables y mejorar la distribución del ingreso.

Estas nuevas instituciones económicas se desempeñan en el mercado pero, por origen y porque así lo exigen sus propias reglas y directorios, son portadoras de valores que hacen posible conciliar eficacia y buenos rendimientos con una mejor distribución de resultados. Así, por ejemplo, un gerente de una desarrolladora o de un fondo local que no lograse implantar o hacer respetar las políticas expresamente establecidas en sus mandatos institucionales sería apartado de sus funciones; sus premios -económicos y morales- vienen asociados con el cumplimiento de ese mandato. Estos nuevos actores económicos despliegan así una racionalidad de alta efectividad e impacto.

¿Qué estamos diciendo con todo esto? Que las economías regionales que quisieran crecer de forma más balanceada y sustentable no pueden quedarse mirando desde la cerca cómo pasan los acontecimientos. El liderazgo local (gobernantes, empresarios, movimientos populares, la comunidad científica y tecnológica, las organizaciones de desarrollo, los educadores, entre muchos otros) necesita dar un paso al frente. Movilizarse, activarse con toda la prudencia del caso pero también con mucha determinación e inteligencia.

La consigna hoy es movilizar, alentar, promover, facilitar múltiples iniciativas de la población; iniciativas productivas, educativas, de generación de confianza, de conformación de una efectiva infraestructura de apoyo. Y para ello no basta la voluntad. Se requiere de una mejor asignación del gasto público y de instrumentos efectivos de promoción capaces de materializar los esfuerzos; una nueva generación de muy pragmáticas y eficaces instituciones económicas del tipo antes mencionado.

Ya existe en el mundo una moderna ingeniería de negocios que permite articular lo que hoy son pequeñas iniciativas productivas dispersas en organizaciones de porte medio capaces de acceder a umbrales más altos de oportunidades. Pues hay que acudir a esa ingeniería de negocios y hacerla disponible para las nuevas iniciativas destinadas a sectores medios y pobres. Una desarrolladora de negocios o emprendimientos locales puede hacerlo e inversores ángeles y fondos locales de apoyo a la inversión productiva sabrán acompañar, financiar y sumar, a su vez, un muy valioso valor agregado de conocimientos, contactos, formas modernas de estructurar y gestionar iniciativas productivas.

Estamos en la antesala de grandes transformaciones y aquellas regiones que sepan organizarse y movilizarse productivamente podrán canalizar hacia sus poblaciones los mejores resultados. La economía nacional, pero también las economías regionales, son cada vez más conocimiento dependientes; el desafío es saber movilizar el conocimiento de excelencia (no aquel residual o de descarte) para apoyar muy buenas iniciativas productivas y educativas.

Como siempre, importa mucho la calidad de nuestros liderazgos. Su capacidad de alinear valores e intereses condicionará la efectividad de las trayectorias adoptadas y la suerte de nuestras economías regionales. Esos liderazgos existen aunque muchas veces no se movilicen o parezcan aletargados. Alentemos a quienes se animen a conducirnos en esa dirección y sumemos nuestra contribución desde el frente de trabajo en que nos desempeñemos. Si bien existen restricciones que hacen de parámetros para los puntos de arranque, también existen márgenes considerables para ejercer iniciativas que mejoren nuestra calidad de vida y su significación. Queda mucho bueno por hacer y no necesitamos de invitación alguna para sumarnos al esfuerzo de gestionar vigorosas y más balanceadas economías regionales.

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(1) Los hilos del desorden de Juan Eugenio Corradi y Un país para todos de Roberto Sansón Mizrahi, Editorial Del Umbral, Argentina, 2006

* Contacto: Revista OPINIÓN SUR -Argentina www.surnorte.org.ar o opinionsur@opinionsur.org.ar

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