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‘LAS FRACTURAS DEL ESTADO EN AMÉRICA LATINA’

El investigador y catedrático de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia, y fundador -Vice Presidente- de la Fundación para la Participación Comunitaria PARCOMÚN, Darío I. Restrepo Botero(1), también se hizo presente en Cuenca, Ecuador para exponer en el II ENCUENTRO LATINOAMERICANO RETOS DEL DESARROLLO LOCAL, Gestión Innovadora de Territorios: Descentralización, Competitividad y Participación.

Aquí un extracto de su conferencia y de la entrevista que concediera a la revista Iberoamericana Región Transparente y la Agencia Región Press

Darío I. Restrepo

“GESTIÓN TERRITORIAL, DEMOCRACIA Y DESCENTRALIZACIÓN”

Los procesos de descentralización en América Latina, se dividen en países que aplican sistemas ‘Federales’, tales como: México, Venezuela, Brasil, Argentina, y los que manejan sistemas ‘Unitarios’ como, Colombia, Ecuador, Bolivia, Perú y Chile.

Durante el proceso de independencia de los países latinoamericanos, la historia nos cuenta que nos encontrábamos con países sin Estados ni Naciones, más pueblos que provincias, más provincias que regiones y más regiones que Naciones y Estados. Entonces surgió la dicotomía, y la interrogante se formuló de la siguiente manera ¿Y cómo construimos Estado y Naciones? Sería por la vía ‘Federal’ respetando las divisiones territoriales que se autogobiernan, a las cuales se llega a dar con frecuencia el nombre de estados, cantones, regiones o provincias y así llegar a construir nuevos Estados a partir del reconocimiento de la diversidad de lo constituido o se daría por la vía ‘Unitaria’ para “cocer” los territorios tan dispersos, inconexos, sin carreteras ni monedas únicas, fuera del contacto económico.

A pesar de la masiva participación de los pobres y desarrapados de América en las gestas de independencia, la dirección política estuvo en manos de las altas clases sociales nacidas en el nuevo continente. La independencia unió pueblos contra el invasor, pero no superó la fragmentación territorial, de mercados, poblados, clases y castas dominantes, ni tampoco superó rápidamente las frágiles instituciones centrales de los países. En las primeras décadas de los Estados independientes continuó el régimen de la hacienda, los esclavos, las oligarquías y la negación de derechos políticos a indios, campesinos, trabajadores y mujeres.

La defensa de Estados centrales y presidenciales fuertes se justificó para evitar la desmembración del territorio, poner orden sobre líderes locales demasiado autónomos, controlar y administrar poblados carentes de instituciones, ordenar una tributación nacional, regular prácticas económicas, mercados y relaciones de trabajo y apaciguar las demostraciones de dominio e independencia de aparatos militares con demasiada autodeterminación territorial.

La opción federalista repulsó el centralismo asociado a proyectos impositivos de poder autoritario que desconocían fuerzas, culturas, idearios e intereses económicos de los archipiélagos de hegemonías regionales constitutivos de las naciones liberadas. La legitimidad, la gobernabilidad y la estabilidad de las naciones debían resultar del reconocimiento de fuertes autonomías territoriales garantizadas por Estados federales.

No siempre los países optaron por una forma espacial contra otra, por el contrario en muchos de ellos el siglo XIX fue época fecunda para movimientos oscilantes entre centralismo y federalismo, aunque hacia finales de 1800 todos hubieran adquirido la forma de organización estatal que perdura aun hoy día: Estados unitarios o Estados federales.

Los productos de exportación en el siglo XIX ayudaron a generar poderosas clases dominantes, rentas para financiar el Estado nacional, unificar cadenas económicas y territoriales, construir instituciones y política económica a favor de los circuitos internacionalizados, así como de los incipientes centros urbanos. Sin embargo, los mercados y el Estado siguieron siendo “de enclave”, es decir, concentrados y altamente diferenciados. Las grandes fracturas entre campo y ciudad, regiones y actividades económicas conectadas al mercado mundial o meramente locales, se nutrían de instituciones en vías de modernización, como moneda y banca central, impuestos, aduanas, rentas y empresas estatales, ejércitos nacionales y monopolio estatal de la violencia. Estas convivieron con prácticas patrimonialistas de subyugación política, social y cultural de poblados pobres y alejados. Las fracturas territoriales, de los mercados, las clases y las instituciones es una de las características principales de los Estados de América Latina en el siglo XIX, fueran estos unitarios o federales.

‘Los pasos decisivos hacia la construcción de los Estados Nación latinoamericanos se dieron a la vuelta del siglo’

El mayor desarrollo del mercado mundial y la intensificación de la inserción de los pueblos de América Latina en él requirieron la estatización centralizada de funciones del Estado moderno, es decir, propiamente capitalista. En primer lugar, la intervención centralizada en apoyo al desarrollo de actividades económicas (mineras y agropecuarias principalmente) vinculadas al mercado internacional. La inversión estatal en infraestructura para el desarrollo empresarial y un fortalecimiento de legislaciones, instituciones, burocracias y rentas nacionales para administrar y financiar un Estado al servicio de la ampliación de la urbanización, las manufacturas, la circulación comercial de mercancías y la mayor movilidad de la mano de obra.

La representación de intereses políticos y económicos se volvió principalmente nacional, así en muchos casos no fueran más que la expresión de intereses sectoriales y territoriales en la escena de la nación.

Hoy, estamos construyendo Estado, economía, administración y soberanía política en muchos y pequeños sitios; ello facilitará el transito de los poderes internacionales, queremos fortalecer y “sacarle el jugo” a lo que pasa por contacto a la democracia descentralizada y planeación participativa. Hay que acelerar la integración regional de países de mercado, incentivar la cooperación entre municipalidades y también entre pueblos dentro de un esquema de integración latinoamericano.

Entrevista efectuada a Darío Restrepo

El equipo de la Agencia RegiónPress tuvo el placer de entrevistar al investigador y catedrático de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia, Darío I. Restrepo Botero. A continuación, un análisis sobre la Gestión territorial, democracia y la descentralización en América Latina:

Región Transparente.- Ya que Ud. se encuentra comprometido con la descentralización que acontece en Latinoamérica, ¿Cómo percibe el proceso?

Darío Restrepo: Estamos asistiendo en varios países de América Latina a una ‘re-centralización’ como si se hubiera agotado el impulso de los procesos descentralizadores. Este formato de ‘re-centralización’ presenta distinguidos signos políticos, uno es el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y otro es el Presidente de Colombia, Álvaro Uribe, citando extremos.

El caso de Venezuela, muy concretamente, es que Hugo Chávez poseía una cantidad superior de alcaldes y gobernadores contrarios al proyecto de la re-fundación de la República de Venezuela como República Bolivariana, tras ello se llegó a instalar todo un sistema para ejecutar políticas públicas paralelas al orden institucional, hasta copar todas las Gobernaciones. En Colombia, el Presidente Uribe, también ‘re-centraliza’, recortando las transferencias tanto como concentrando la capacidad de gasto en programas nacionales, igual se generan mecanismos de gastos paralelos, no por la vía del alcalde o gobernador sino por la vía de programas presidenciales; y sarcásticamente le dicen a las autoridades ¿Vienes y participas? o ¿Te quedas por fuera de la repartición y liderazgo?

Prácticamente, el sistema político termina haciendo fila para ser beneficiario de una repartición de subsidios, recursos y políticas públicas orquestadas desde la Presidencia de la República. Interpretándolo, sería “No todo gasto territorial es descentralizado”, si lo es cuando hay liderazgo político local de las comunidades, organizaciones, mayorías políticas. Hagamos una re-centralización de “platas” a nivel nacional, los recursos hay que aprovecharlos con equidad para los territorios.

RT.- En ese sentido ¿Qué posición adoptan los líderes políticos?

Darío Restrepo: Es que “algunos” gobiernos “amasan” tantos recursos nuevos desde la Presidencia de la República que generan revoluciones al sistema político y recogen la descentralización anterior y la subordinan a los nuevos mecanismos de gasto. Por ello, hay gobiernos de tendencia de izquierda o derecha que fueron contra la revolución de la descentralización en los últimos 7 ó 10 años.

RT.- En el II ENCUENTRO LATINOAMERICANO RETOS DEL DESARROLLO LOCAL, Ud. remarcó que la ‘Inequidad genera autoritarismo’ impulsando formas autoritarias de gobierno. ¿Cuál es su perspectiva sobre este tema?

Darío Restrepo: Por ejemplo, ¿Dónde vota la gente en Colombia?, y esto también sucede en Latinoamérica. En las grandes ciudades que la constituyen, y ello se denomina ‘voto de opinión’, en los pequeños pueblos se instaura lo que denomino ‘voto atado’, sujeto al acceso a los derechos dependiendo de quién gane, porque si gana tu candidato es posible que tu niño vaya al colegio, eventualmente accedes a un crédito para vivienda, o que exista empleo público. Sin embargo, todo lo contrario sucede si ganase un ‘enemigo político’ pues re-localizará el subsidio en otro lugar. He ahí un marco excepcional que produce una inequidad de derechos, dentro de un ambiente donde no existe dignidad para conseguir recursos por la vía privada, produciéndose una subordinación de la población hacia el benefactor, fundando la cuna del clientelismo y autoritarismo que fecunda y se reproduce continuamente en América Latina.

En estas prácticas de mando se da la subordinación, propicio espacio para dar nacimiento a los mal llamados ‘Mesías políticos’ que suponen salvarán a todos atropellando las democracias. ¿Cómo contrarrestar esto? Aplicando políticas universales por la vía de la descentralización y no políticas centralizadas que localizan y focalizan arbitrariamente recursos y reconstruyen la subordinación de la población pobre hacia el “salvador”.

RT.- Los políticos que actualmente están al frente de cargos descentralizados –llámense alcaldes, presidentes regionales, etc.- cuando llegan a instancias nacionales de poder ¿Siguen pensando de una forma descentralizada?, ¿Cuál es tu opinión de lo que has podido observar en procesos de descentralización en Latinoamérica? ¿Un descentralista siempre respetará su posición o dependerá de la posición política en la que se encuentre?

Darío Restrepo: El lugar determina mucho las posiciones porque en diversos territorios no se puede hacer cualquier cosa, sino que se aplica “lo que se debe y soporta aplicar”, pensando siempre en innovación de políticas.

Por ejemplo, se implementan sistemas que reproduzcan el centralismo, así uno no simpatice con dicha ideología. Hay alcaldes que tienen que subir las tarifas de los impuestos, privatizar sectores, así no se quiera, ya que son sistemas que urgen por la necesidad inmediata.

Para que no suceda este revés, no sólo se debe reemplazar al material humano sino cambiar, también, las Constituciones. Se deberían dar las políticas de juego para construir instituciones donde no importa quién llegue, sino que la autoridad siempre se respete haciendo cumplir las reglas a favor de la equidad ciudadana.

RT.- ¿Se puede hacer descentralización sin ideología o siempre la descentralización apunta a una ideología concreta?

Darío Restrepo: Hay varias maneras de descentralizar y si apuntan a ideologías específicas. Ahí esta el caso boliviano, para los indígenas descentralizar es la ‘autonomía indígena’, los empresarios defienden la ‘autonomía de los departamentos’ para no tener que girar impuestos al Estado, pensando erróneamente en sostener pobres de otro lado por lo que asumen su autonomía para vincularse directamente y tranzar con el mercado internacional.

No hay una sola descentralización, menos una sola autonomía, son conceptos atravesados por pugnas sociales, políticas, culturales para determinar el contenido mismo del concepto. La descentralización no es la bandera de un grupo, sí es el lugar donde llegan grupos con estrategias dispares, pero diversas, apuntadas a una equidad territorial, democratización civil y descentralización de poderes.

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(1) Investigador y catedrático de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia. Licenciado del Instituto Superior de Filosofía de la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica. Especialista en economía y sociología política. Profesor de la Universidad Nacional de Colombia. Posee investigaciones sobre la violencia en Colombia, el régimen político, la participación ciudadana, la lucha contra la pobreza, el proceso de globalización y el desarrollo regional. Fundador y vise presidente la Fundación para la Participación Comunitaria, PARCOMÚN.

 

 

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