| “GESTIÓN
TERRITORIAL, DEMOCRACIA Y DESCENTRALIZACIÓN”
Los procesos de descentralización
en América Latina, se dividen en países que
aplican sistemas ‘Federales’, tales como: México,
Venezuela, Brasil, Argentina, y los que manejan sistemas ‘Unitarios’
como, Colombia, Ecuador, Bolivia, Perú y Chile.
Durante el proceso de independencia de los
países latinoamericanos, la historia nos cuenta que
nos encontrábamos con países sin Estados ni
Naciones, más pueblos que provincias, más provincias
que regiones y más regiones que Naciones y Estados.
Entonces surgió la dicotomía, y la interrogante
se formuló de la siguiente manera ¿Y cómo
construimos Estado y Naciones? Sería por la vía
‘Federal’ respetando las divisiones territoriales
que se autogobiernan, a las cuales se llega a dar con frecuencia
el nombre de estados, cantones, regiones o provincias y así
llegar a construir nuevos Estados a partir del reconocimiento
de la diversidad de lo constituido o se daría por la
vía ‘Unitaria’ para “cocer”
los territorios tan dispersos, inconexos, sin carreteras ni
monedas únicas, fuera del contacto económico.
A pesar de la masiva participación
de los pobres y desarrapados de América en las gestas
de independencia, la dirección política estuvo
en manos de las altas clases sociales nacidas en el nuevo
continente. La independencia unió pueblos contra el
invasor, pero no superó la fragmentación territorial,
de mercados, poblados, clases y castas dominantes, ni tampoco
superó rápidamente las frágiles instituciones
centrales de los países. En las primeras décadas
de los Estados independientes continuó el régimen
de la hacienda, los esclavos, las oligarquías y la
negación de derechos políticos a indios, campesinos,
trabajadores y mujeres.
La defensa de Estados centrales y presidenciales
fuertes se justificó para evitar la desmembración
del territorio, poner orden sobre líderes locales demasiado
autónomos, controlar y administrar poblados carentes
de instituciones, ordenar una tributación nacional,
regular prácticas económicas, mercados y relaciones
de trabajo y apaciguar las demostraciones de dominio e independencia
de aparatos militares con demasiada autodeterminación
territorial.
La opción federalista repulsó
el centralismo asociado a proyectos impositivos de poder autoritario
que desconocían fuerzas, culturas, idearios e intereses
económicos de los archipiélagos de hegemonías
regionales constitutivos de las naciones liberadas. La legitimidad,
la gobernabilidad y la estabilidad de las naciones debían
resultar del reconocimiento de fuertes autonomías territoriales
garantizadas por Estados federales.
No siempre los países optaron por
una forma espacial contra otra, por el contrario en muchos
de ellos el siglo XIX fue época fecunda para movimientos
oscilantes entre centralismo y federalismo, aunque hacia finales
de 1800 todos hubieran adquirido la forma de organización
estatal que perdura aun hoy día: Estados unitarios
o Estados federales.
Los productos de exportación en el
siglo XIX ayudaron a generar poderosas clases dominantes,
rentas para financiar el Estado nacional, unificar cadenas
económicas y territoriales, construir instituciones
y política económica a favor de los circuitos
internacionalizados, así como de los incipientes centros
urbanos. Sin embargo, los mercados y el Estado siguieron siendo
“de enclave”, es decir, concentrados y altamente
diferenciados. Las grandes fracturas entre campo y ciudad,
regiones y actividades económicas conectadas al mercado
mundial o meramente locales, se nutrían de instituciones
en vías de modernización, como moneda y banca
central, impuestos, aduanas, rentas y empresas estatales,
ejércitos nacionales y monopolio estatal de la violencia.
Estas convivieron con prácticas patrimonialistas de
subyugación política, social y cultural de poblados
pobres y alejados. Las fracturas territoriales, de los mercados,
las clases y las instituciones es una de las características
principales de los Estados de América Latina en el
siglo XIX, fueran estos unitarios o federales.
‘Los pasos decisivos hacia la construcción
de los Estados Nación latinoamericanos se dieron a
la vuelta del siglo’
El mayor desarrollo del mercado mundial y
la intensificación de la inserción de los pueblos
de América Latina en él requirieron la estatización
centralizada de funciones del Estado moderno, es decir, propiamente
capitalista. En primer lugar, la intervención centralizada
en apoyo al desarrollo de actividades económicas (mineras
y agropecuarias principalmente) vinculadas al mercado internacional.
La inversión estatal en infraestructura para el desarrollo
empresarial y un fortalecimiento de legislaciones, instituciones,
burocracias y rentas nacionales para administrar y financiar
un Estado al servicio de la ampliación de la urbanización,
las manufacturas, la circulación comercial de mercancías
y la mayor movilidad de la mano de obra.
La representación de intereses políticos
y económicos se volvió principalmente nacional,
así en muchos casos no fueran más que la expresión
de intereses sectoriales y territoriales en la escena de la
nación.
Hoy, estamos construyendo Estado, economía,
administración y soberanía política en
muchos y pequeños sitios; ello facilitará el
transito de los poderes internacionales, queremos fortalecer
y “sacarle el jugo” a lo que pasa por contacto
a la democracia descentralizada y planeación participativa.
Hay que acelerar la integración regional de países
de mercado, incentivar la cooperación entre municipalidades
y también entre pueblos dentro de un esquema de integración
latinoamericano.
Entrevista
efectuada a Darío Restrepo
El equipo de la Agencia
RegiónPress tuvo el placer de entrevistar
al investigador y catedrático de la Facultad de Ciencias
Económicas de la Universidad Nacional de Colombia,
Darío I. Restrepo Botero. A continuación, un
análisis sobre la Gestión territorial, democracia
y la descentralización en América Latina:
Región Transparente.- Ya que
Ud. se encuentra comprometido con la descentralización
que acontece en Latinoamérica, ¿Cómo
percibe el proceso?
Darío Restrepo: Estamos
asistiendo en varios países de América Latina
a una ‘re-centralización’ como si se hubiera
agotado el impulso de los procesos descentralizadores. Este
formato de ‘re-centralización’ presenta
distinguidos signos políticos, uno es el Presidente
de Venezuela, Hugo Chávez, y otro es el Presidente
de Colombia, Álvaro Uribe, citando extremos.
El caso de Venezuela, muy concretamente,
es que Hugo Chávez poseía una cantidad superior
de alcaldes y gobernadores contrarios al proyecto de la re-fundación
de la República de Venezuela como República
Bolivariana, tras ello se llegó a instalar todo un
sistema para ejecutar políticas públicas paralelas
al orden institucional, hasta copar todas las Gobernaciones.
En Colombia, el Presidente Uribe, también ‘re-centraliza’,
recortando las transferencias tanto como concentrando la capacidad
de gasto en programas nacionales, igual se generan mecanismos
de gastos paralelos, no por la vía del alcalde o gobernador
sino por la vía de programas presidenciales; y sarcásticamente
le dicen a las autoridades ¿Vienes y participas? o
¿Te quedas por fuera de la repartición y liderazgo?
Prácticamente, el sistema político
termina haciendo fila para ser beneficiario de una repartición
de subsidios, recursos y políticas públicas
orquestadas desde la Presidencia de la República. Interpretándolo,
sería “No todo gasto territorial es descentralizado”,
si lo es cuando hay liderazgo político local de las
comunidades, organizaciones, mayorías políticas.
Hagamos una re-centralización de “platas”
a nivel nacional, los recursos hay que aprovecharlos con equidad
para los territorios.
RT.- En ese sentido ¿Qué
posición adoptan los líderes políticos?
Darío Restrepo: Es
que “algunos” gobiernos “amasan” tantos
recursos nuevos desde la Presidencia de la República
que generan revoluciones al sistema político y recogen
la descentralización anterior y la subordinan a los
nuevos mecanismos de gasto. Por ello, hay gobiernos de tendencia
de izquierda o derecha que fueron contra la revolución
de la descentralización en los últimos 7 ó
10 años.
RT.- En el II ENCUENTRO LATINOAMERICANO
RETOS DEL DESARROLLO LOCAL, Ud. remarcó que la ‘Inequidad
genera autoritarismo’ impulsando formas autoritarias
de gobierno. ¿Cuál es su perspectiva sobre este
tema?
Darío Restrepo: Por
ejemplo, ¿Dónde vota la gente en Colombia?,
y esto también sucede en Latinoamérica. En las
grandes ciudades que la constituyen, y ello se denomina ‘voto
de opinión’, en los pequeños pueblos se
instaura lo que denomino ‘voto atado’, sujeto
al acceso a los derechos dependiendo de quién gane,
porque si gana tu candidato es posible que tu niño
vaya al colegio, eventualmente accedes a un crédito
para vivienda, o que exista empleo público. Sin embargo,
todo lo contrario sucede si ganase un ‘enemigo político’
pues re-localizará el subsidio en otro lugar. He ahí
un marco excepcional que produce una inequidad de derechos,
dentro de un ambiente donde no existe dignidad para conseguir
recursos por la vía privada, produciéndose una
subordinación de la población hacia el benefactor,
fundando la cuna del clientelismo y autoritarismo que fecunda
y se reproduce continuamente en América Latina.
En estas prácticas de mando se da
la subordinación, propicio espacio para dar nacimiento
a los mal llamados ‘Mesías políticos’
que suponen salvarán a todos atropellando las democracias.
¿Cómo contrarrestar esto? Aplicando políticas
universales por la vía de la descentralización
y no políticas centralizadas que localizan y focalizan
arbitrariamente recursos y reconstruyen la subordinación
de la población pobre hacia el “salvador”.
RT.- Los políticos que actualmente
están al frente de cargos descentralizados –llámense
alcaldes, presidentes regionales, etc.- cuando llegan a instancias
nacionales de poder ¿Siguen pensando de una forma descentralizada?,
¿Cuál es tu opinión de lo que has podido
observar en procesos de descentralización en Latinoamérica?
¿Un descentralista siempre respetará su posición
o dependerá de la posición política en
la que se encuentre?
Darío Restrepo: El
lugar determina mucho las posiciones porque en diversos territorios
no se puede hacer cualquier cosa, sino que se aplica “lo
que se debe y soporta aplicar”, pensando siempre en
innovación de políticas.
Por ejemplo, se implementan sistemas que
reproduzcan el centralismo, así uno no simpatice con
dicha ideología. Hay alcaldes que tienen que subir
las tarifas de los impuestos, privatizar sectores, así
no se quiera, ya que son sistemas que urgen por la necesidad
inmediata.
Para que no suceda este revés, no
sólo se debe reemplazar al material humano sino cambiar,
también, las Constituciones. Se deberían dar
las políticas de juego para construir instituciones
donde no importa quién llegue, sino que la autoridad
siempre se respete haciendo cumplir las reglas a favor de
la equidad ciudadana.
RT.- ¿Se puede hacer descentralización
sin ideología o siempre la descentralización
apunta a una ideología concreta?
Darío Restrepo: Hay
varias maneras de descentralizar y si apuntan a ideologías
específicas. Ahí esta el caso boliviano, para
los indígenas descentralizar es la ‘autonomía
indígena’, los empresarios defienden la ‘autonomía
de los departamentos’ para no tener que girar impuestos
al Estado, pensando erróneamente en sostener pobres
de otro lado por lo que asumen su autonomía para vincularse
directamente y tranzar con el mercado internacional.
No hay una sola descentralización,
menos una sola autonomía, son conceptos atravesados
por pugnas sociales, políticas, culturales para determinar
el contenido mismo del concepto. La descentralización
no es la bandera de un grupo, sí es el lugar donde
llegan grupos con estrategias dispares, pero diversas, apuntadas
a una equidad territorial, democratización civil y
descentralización de poderes.
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(1)
Investigador y catedrático de la Facultad de Ciencias
Económicas de la Universidad Nacional de Colombia.
Licenciado del Instituto Superior de Filosofía de la
Universidad Católica de Lovaina, Bélgica. Especialista
en economía y sociología política. Profesor
de la Universidad Nacional de Colombia. Posee investigaciones
sobre la violencia en Colombia, el régimen político,
la participación ciudadana, la lucha contra la pobreza,
el proceso de globalización y el desarrollo regional.
Fundador y vise presidente la Fundación para la Participación
Comunitaria, PARCOMÚN.
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