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Por: Francisco Carranza Romero*
Foto: Carlos Gallo V.

LAS CARRETERAS DE ÁNCASH DAN PENA

Pileta Plaza de Armas, Caras

 

"huecos en todo el trayecto"

El departamento de Ancash es un territorio de innegable belleza natural y cultural. Partiendo desde la árida y monótona costa se goza de muchos microclimas que presentan a la vista variedad de cuadros policromos: desde los cerros pelados hasta los cerros cubiertos de la vegetación; desde los verdes valles hasta los páramos amarillentos, pardos y verdes; desde las lagunas de colores esmeralda y azul hasta los picachos cubiertos de ponchos y gorros blancos.

En el viaje también se descubre la riqueza cultural: los pobladores comunicándose en quechua, en castellano o en un gracioso tacutacu de ambas lenguas.

Las comidas varían en cada pueblo: los colores, las formas y los sabores cambian. El picante de papa está acompañado de cuy, charqui, variedad de carnes, verduras y menestras. Las variedades de sopas agradan a los ojos y al paladar. Las frutas también son abundantes y de acuerdo al clima. Los dulces atraen por el color, forma, fragancia y por el material con que están elaborados.

Los vestidos típicos son multicolores y multiformes, y distinguen a los habitantes de cada pueblo. Los sombreros de lana, paja y paño están adornados con cintas según el género, estado civil y los gustos. Los ponchos y mantos, las chupas y monillos también diferencian a las personas. Las faldas multicolores lucen, algunas veces, con bellos y simbólicos bordados.

La música de los ríos, truenos, lluvias y del viento se armoniza con la música de los animales. Los pobladores demuestran sus dotes silbando y tocando variedad de instrumentos. Y esta música no es sólo para oírla, se combina con las danzas: huayno, pasacalle, huanca, huanquilla, inca, huaylash, pasha, shacsha, negritos, etc. El viajero, naturalmente, no se queda de simple espectador también se convierte en danzante.

Para llegar a esa belleza andina, más conocida por sus dos bellas regiones: Callejón de Huaylas y Callejón de Conchucos, hay muchas maneras.

Las distinguidas autoridades que tienen helicópteros a su disposición vuelan cómodos y en poco tiempo. Por ejemplo, el presidente peruano y su comitiva que inauguraron el museo de sitio en Chavín volaron en helicópteros.

Los que pueden pagar más de cien dólares estadounidenses por cada vuelo de Lima a Anta también ahorran el tiempo y las molestias.

Sin embargo, los viajeros comunes, que constituyen la gran mayoría, usan la tortuosa vía terrestre. Ellos sí sufren los sacudones y bamboleos de los vehículos que suben o bajan evitando o saliendo de los innumerables huecos en todo el trayecto. Los viajeros comentan: “Hasta hace un año había mejor mantenimiento de la carretera principal que une a Ancash con Lima. Ahora, es un desastre y una vergüenza”. “El asfaltado de la carretera de Chimbote a Carás es siempre la eterna promesa de los candidatos busca votos”. “El asfaltado de la carretera de Casma a Huaraz también es la promesa de los políticos”. Y, para empeorar esta situación, no faltan los ciudadanos que cuando protestan bloquean con piedras, maderas y hasta amenazan a los viajeros.

Aunque se pague el impuesto por tener el vehículo las vías no mejoran. El Ministerio de Transportes, las autoridades de la región, de las provincias, de los distritos y de los caseríos deben preocuparse por solucionar el problema vial. Con este estado lamentable de las vías terrestres no se puede hablar de aumentar el turismo a la zona andina de Ancash. Los viajeros extranjeros esperan comodidad y seguridad.

Señores autoridades, Lima no es todo el Perú. Aunque Áncash no haya sido escogido para las reuniones internacionales como de APEC, es una región que merece más atención. Los bellos y extensos discursos no parchan las carreteras. ( RegiónPress)

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* Francisco Carranza Romero, del Instituto de Estudios de Asia y América, Universidad Dankook, Seúl, Corea

 

 
Agencia RegiónPress / Lima - Perú   

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